En la Villa de Alcoy, los días 29, 30 y 31 de enero del año 1568, tuvo lugar un triste y gozoso hecho eucarístico. Triste, porque un extranjero, no cristiano , tuvo la mala tentación de entrar en la Iglesia la tarde del día 29 y aprovechando la soledad del templo, abrir el sagrario y robar cuanto contenía: cofre de plata con la sagrada Eucaristía y otros objetos de valor con reliquias de santos. Gozoso, porque desde el instante que los alcoyanos y alcoyanas descubrieron el robo, pusieron todos los medios a su alcance para encontrar la sagrada Eucaristía. El día 31, el labrador alcoyano, Juan Esteve, registrando con el permiso del señor juez, la casa del sospechoso, encontró en la caballeriza de la misma, tapado con tierra, estiércol y leña, el cofre de plata que contenía la sagrada Eucaristía y el resto del robo.

Junto a la casa del ladrón, vivía la Sra. María Miralles, propietaria de una pequeña imagen del niño Jesús cuyo brazo derecho y sus dedos señalaban hacia el cielo. Milagrosamente durante los días de búsqueda del Santísimo Sacramento, esta imagen se inclinó por la cintura y su brazo y dedos señalaban el lugar del escondite.